Nuestros alumnos escriben:
AMARANTA
Patricia Pernas
Amaranta estaba en la puerta principal de la hacienda mirando el atardecer, más tarde su hermana menor, Sofía, subió a buscarla a su cuarto.
Mamá, Amaranta no está.
¿Amaranta, dónde andas?, gritaban por toda la casa.
Yo la vi caminando hacia la entrada y pensé que, como siempre, se quedaría en el portal hasta el atardecer, no sé más, ya la busqué en todas partes y nada.
Pedro, Amaranta no aparece. Pues vayamos a buscarla, tal vez se fue caminando al campo, ¿o no se habrá escondido en el granero?, ¿habrá ido al río?
La frenética búsqueda duró hasta el amanecer, ya para entonces toda la familia estaba preocupada, ¿dónde podría haber ido?
Sofía, que era su principal confidente, sabía que Amaranta siempre miraba el cielo esperando encontrar no sé qué cosa, ella estaba convencida de que había seres que nos observaban y de que en algún momento lograría comunicarse con ellos. La verdad siempre pensé que era parte de su personalidad soñadora, no le hacía caso y dejaba que su imaginación volara, habíamos conversado muchas veces sobre esas presencias que ella insistía que existen y, de hecho, me confesó que recientemente había visto a una. ¿Mamá y si sí existen y sí se la llevaron?, ¿y si se comunicaron con ella y aceptó ir? ¿Pero a dónde, hija, a dónde? Ay…, no sé qué pensar. Tu papá dice que eso simplemente no es posible, pero lo cierto es que ella ya no está, igual estamos ya alucinando como ella.
Semanas después, la búsqueda cesó, ni un solo indicio de fuga, rapto, violencia, nada, absolutamente nada.
¿Y entonces?, se preguntaba Sofía. Ya solo me queda pararme en el portal al atardecer, mirar el cielo y esperar alguna señal. Una tarde, una intensa luz inundó su rostro, le quitó el aliento y… Me dejó en paz, ella estaba bien.
Patricia Pernas
Diciembre 2025
Soñar ligero
Sergio Iglesias Rodríguez
Esa noche dejé sobre el buró mi libreta de tareas pendientes, las cuentas por pagar, el borrador de un nuevo proyecto, y varios mensajes sin contestar en mi teléfono. Apagué la lámpara, agotado. Aflojé el cuerpo, mi cabeza sobre la almohada reposaba cómodamente; cerré los ojos, respiré profunda y pausadamente. Al cabo de unos minutos, entré.
Caminaba entre enormes pinos, cedros, cipreses y arbustos aromáticos. Supe que estaba despierto porque sentía la humedad de la tierra en cada pisada. Podía escuchar los ruidos de la noche en medio del bosque. La oscuridad se imponía,yo caminaba con una pesada mochila sobre mi espalda que no recordaba en qué momento llené. Quise arrojarla… No pude, estaba unida a mí.
Llegué hasta un lago que formaba una pequeña bahía. El agua estaba en calma, apenas se movía en ondas ligeras hasta la orilla.
En un costado había un cerro y sobre él una cabaña que daba hacia el lago. Tenía ventanales del piso al techo. Se veía todo desde donde yo estaba. Advertí que había un un hombre sentado sobre el piso con las manos entrelazadas, la espalda erguida, cabello largo hasta los hombros; sólo lo cubría una túnica blanca, miraba hacia el lago. Subí hasta donde estaba y me paré frente a él. Levantó la cara y me miró. Tuve la sensación de que ya lo había visto antes.
—¿Qué traes en esa mochila?, preguntó.
—Pertenencias muy importantes.
—Pesa mucho.
—Sí.
—Los sueños se disfrutan sin peso, sólo los necios cargan.
—Eso no se puede, ¿quién se encargaría de todo lo importante?
—Tú, pero no tienes que cargar nada. Puedes dejar esa mochila aquí y cada vez que necesites algo, ven a buscarla.
—¿Eso se puede?
—Claro, en tu sueño debes caminar ligero.
Se puso de pie. Sin esforzarse me retiró la mochila de la espalda y la dejó en un rincón.
—Son cosas muy importantes, ¿por qué las arrumbas?
—No lo son, me dijo. Lo importante no pesa.
Luego nos sentamos uno junto al otro mirando hacia el lago; me tomó de la mano y, sin decir una palabra, conversamos toda la noche hasta que cerré los ojos.
Acostado sobre mi cama, parecía que había descansado por días. Me levanté, caminé por la habitación en busca de la mochila; ya no estaba. Por un instante no supe si había salido de mi lugar de ensueño o si estaba soñando… Sólo sabía que me sentía ligero.